Frenando a tiranos y populismos

El 2024, Bukele se irá. Sus “nuevas ideas” quedarán como un accidente histórico, pero el freno a una idea tan vieja como “El Estado soy yo” no caerá del cielo. Aprendiendo de Ecuador y México, las propuestas prodemocracia deben ser creíbles y motivantes. Los nuevos liderazgos deben ser sanos y honestos. La corrupción de hoy y de ayer deben ser del escrutinio ciudadano porque sólo así El Salvador tendrá futuro.

Por Dr. Napoleón Campos. Experto en RR.II. e Integración Regional

Publicado por Exclusiva Digital, El Salvador, Centro América

JUN 10, 2021

En Ecuador, en abril, Guillermo Lasso cortó de tajo la perpetuación del populismo y el autoritarismo instalado por el prófugo Rafael Correa, el corrupto presidente que fue abanderado convenenciero del “Socialismo del Siglo XXI”. Correa y sus delfines violaron libertades fundamentales y derechos humanos. Reprimieron comunidades ancestrales.

Como “menú a la carta”, Correa salía y entraba a las fotografías de la familia “chavista”. El pasado 21 de mayo, un tribunal pidió a la Corte Suprema solicitar a Bélgica la extradición de Correa para que cumpla la condena por cohecho en el caso “Sobornos 2012-2016”. Temprano o tarde, la justicia alcanzará a Correa.

Dos meses después de la gesta ecuatoriana, se produce en América Latina otra rectificación. El 6 de junio, el pueblo mexicano impide en las urnas al presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y sus partidos aliados alcanzar la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, lo que le imposibilita -para la segunda mitad de su mandato- hacer y deshacer la Constitución frenando así su autodenominada “Cuarta Transformación” (4T), pues estaban por cooptar el Poder Judicial (alargando inconstitucionalmente vía decreto legislativo el mandato del presidente de la Corte Suprema) y revisar la cláusula pétrea bicentenaria de No Reelección, un legado de los próceres de la Revolución Mexicana, como Emiliano Zapata y Pancho Villa.

Los señalamientos dentro y fuera de México, sobre el autoritarismo de AMLO y sus intentos de acallar a la prensa no alineada y a entidades de la sociedad civil, están a la orden del día. Algunos adicionan a lo comentado que los resultados electorales -AMLO ha perdido 14 millones de votos entre el 2018 y 2021- trastocan la designación de su candidato presidencial pues la capital del país -tradicional bastión- se ha fraccionado electoralmente a la mitad, lo que puede equivaler al principio del fin para AMLO y su 4T.

Estos pueblos nos muestran el camino

Las lecciones desde Ecuador y México son cruciales para El Salvador. Ambos pueblos muestran que es factible neutralizar gobernantes populistas que hacen de la mentira una política pública, instigan odio y violencia contra adversarios, amedrentan a la prensa independiente, cercan a organizaciones de la sociedad civil, y pretenden reformar irresponsablemente la Constitución. En Ecuador, las reformas de Correa fueron para saquear la hacienda pública y enquistarse en el poder.

El Salvador, con Nayib Bukele, es un trágico laboratorio en curso:  en dos años dinamitan los Acuerdos de Paz, instrumentalizan las fuerzas armadas y policiales, violentan la separación de poderes, aíslan al país internacionalmente, y hasta imponen sin consulta el bitcoin, medio de intercambio que facilita el lavado de activos y deteriora el medio ambiente.

Esto último es gravísimo: el minado del bitcoin es sucio y su uso intensivo de energía es inconcebible (la minería de Bitcoin por sí sola utiliza el 0.6% del consumo mundial de electricidad, más electricidad de la que usa Argentina en un año), cuando hay decenas de miles de hogares salvadoreños aún fuera de la red eléctrica; pero, por otro lado, minar bitcoin en un país tan degradado como El Salvador es contribuir a nuestra catástrofe ambiental.

El Senador Patrick Leahy se refirió a las compras anómalas e irregulares del gobierno de Bukele durante la pandemia como un “botín multimillonario”. ¿Un botín multimillonario vale una tiranía? Sí, y toda tiranía necesita legalizar su saqueo. Es el libreto de Hugo Chávez y sus mafias para apropiarse de la riqueza petrolera del pueblo venezolano -Nicolás Maduro tiene el “petro”, su bitcoin- y también el de Daniel Ortega que se quedó con las ganancias del petróleo que Chávez le transfirió.

El 2024, Bukele se irá. Sus “nuevas ideas” quedarán como un accidente histórico, pero el freno a una idea tan vieja como “El Estado soy yo” no caerá del cielo. Aprendiendo de Ecuador y México, las propuestas prodemocracia deben ser creíbles y motivantes. Los nuevos liderazgos deben ser sanos y honestos. La corrupción de hoy y de ayer deben ser del escrutinio ciudadano porque sólo así El Salvador tendrá futuro.

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