General Hugo Torres. In memoriam.

El exguerrillero Hugo Torres Jimenez, uno de los 46 presos politicos de Daniel Ortega y quien falleció bajo custodia del régimen liderado por un hombre a quien en 1974 salvó la vida. Foto EDH / AFP

Publicado por El Diario de Hoy, El Salvador, Centroamérica

Por Napoleón Campos

FEB 14, 2021

Las revoluciones devoran a sus genuinos héroes. George Danton bajo la guillotina en 1794 marcó el fin de la Revolución Francesa y la restauración, sin un rey, de la tiranía y el derramamiento de sangre. La historia reconoce al abogado Danton como el líder, desde los insurgentes, de aquella primera revolución moderna.

A esas contradicciones que se prolongaron al Siglo XIX dedicó Francisco Goya una de sus más conmovedoras pinturas negras “Saturno devorando a su hijo” (1823). Goya pintó a este mítico dios latino que no dudó en comerse uno a uno a sus hijos simbolizando lo que alguien es capaz de hacer para perpetuarse en el poder. Expertos creen que “Saturno” es Fernando VII (1784-1833), cruel con sus súbditos mientras el imperio era sacudido por la independencia de las colonias americanas.

Hugo Torres, nacido en 1948, fue un estudiante universitario que sumó su especial vocación militar a la guerrilla sandinista contra los Somoza en los 70s. La toma de la residencia de un leal a Somoza en diciembre de 1974 -en la que se encontraban miembros del gabinete del dictador por la cual logró el intercambio de prisioneros políticos, entre ellos el propio Daniel Ortega- fue una operación de película. En agosto de 1978, protagonizó la toma de la Asamblea de Diputados en plenaria, logrando canjear más prisioneros y poner el jaque que 11 meses después fue mate para Somoza.

Torres no fue un santo. Nadie duda que desde las altas posiciones que ocupó en los ministerios de Interior y de Defensa pudo haber sido el autor intelectual de actos de represión y violación a los Derechos Humanos contra opositores en los 80s. Fue nombrado General de Brigada, pero mostró una conducta institucional, de país, en aquel crítico 1990 de derrota electoral de Ortega y el sandinismo. Cuando Torres advirtió, ya retirado, que el retorno de Ortega era el inicio de una nueva dictadura, hizo sus últimos esfuerzos como renovador sandinista para luego resistir cívicamente al “danielismo” oportunista y mafioso que nunca dejó de recibir fondos desde Libia y luego desde el chavismo venezolano.

A ese Hugo Torres tuve el privilegio de conocer y trabajar en equipo por la integración regional y el diálogo político y la cooperación entre la Unión Europea y América Latina. Su visión reformista la llevó al PARLACEN que tuvo en él y en otros contados políticos una oportunidad efímera, pero de oro, para hacerlo un auténtico congreso de los pueblos, con facultades vinculantes, y prevenir su triste epílogo actual de asilo y fuero para narco-políticos, corruptos y tiranos, como el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández.

Cegado por el poder, como el “Saturno” de Goya, Ortega encarcela a Torres, a su compañera de 1978, Dora María Téllez, y a diplomáticos que pusieron pecho por el país como Víctor Hugo Tinoco, Edgar Parrales, y mi gran amigo Mauricio Díaz Dávila. La CIDH ordena la liberación de los presos políticos pero el tirano manda a los jueces no acatar la resolución internacional.

Pasará un tiempo para que conozcamos la verdad sobre su muerte, de la cual Ortega es responsable. Estoy convencido que su fallecimiento no será en vano. Hugo Torres, que en paz descanse, nos inspira a detener la demencia autoritaria que nos gobierna y prevenir que la injusticia se imponga fatalmente sobre las hijas e hijos de Centroamérica. Su dimensión de poeta nos sirve para recordarlo también por siempre: “Una mujer, una patria, una idea o un deseo, son motivos para hacer que mi amor se vuelva fiero”.

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