Le cierran puertas a Bukele. Pierde el país.

Por Dr. Napoleón Campos. Experto en RR.II. Candidato a diputado por S.S. de Nuestro Tiempo

Publicado por Exclusiva Digital, El Salvador, Centro América

FEB 13, 2021

La relación entre EEUU y El Salvador atraviesa por unos de los peores episodios de los que se tenga noticia en tiempos recientes.

De no rectificar en la violación recurrente y sistemática a la democracia y al Estado de Derecho, de no ser Bukele asesorado y orientado en materias que ignora como Derecho Internacional y Política Exterior, de mantener a una Ministra de Relaciones Exteriores desdibujada y a una embajadora en Washington D.C. sin la mínima calificación, quien pierde no es Bukele cuando no le abren las puertas de la Casa Blanca y del Departamento de Estado, quien pierde es El Salvador.

Los consejos se los damos de gratis, porque nos preocupa grandemente el rumbo del país. Advertimos con antelación que el país podía enrutarse hacia sanciones internacionales que ya se consumaron desde EEUU antes que Donald Trump abandonara el poder: la no elegibilidad para una próxima ronda de Fomilenio 3 y la suspensión de una partida de asistencia militar. El reproche desde Washington DC es uno solo: no llegará un centavo más de los contribuyentes estadounidenses a un gobierno corrupto como el de Bukele que instrumentaliza las fuerzas armadas y la PNC en un marco de irrespeto a sentencias judiciales.

Con el inconstitucional viaje de Bukele a Washington DC -documental y testimonialmente confirmado- y el vergonzoso episodio de no ser recibido por autoridad alguna de la Administración Biden, que ya es estar en el suelo, Bukele convoca al Cuerpo Diplomático a casa presidencial no para ofrecer el retorno a la democracia sino para hablar de su particular interpretación sobre un precepto constitucional como un “intento de golpe de Estado parlamentario”. Mientras el resto del mundo recuerda la intromisión de Bukele con soldados y antimotines a la Asamblea Legislativa el 9 de febrero de 2020 y su desprecio a los Acuerdos de Paz, él prefiere aislarse de la civilización democrática y con ello pierde el país.

Pero hay más. El fracasado viaje de Bukele a Washington DC puso al desnudo varios de los temas que le causan ansiedad: la transformación de la CICIES en una entidad que genuinamente apoye la investigación contra la impunidad y la corrupción (el Gobierno Biden ya adelantó su interés en apoyar una CICIES de esa calidad), que Celia Medrano, veterana defensora de los Derechos Humanos, sea electa Secretaria Ejecutiva de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (elección que ha vetado), y que la Administración Biden publique a la brevedad su primera lista de corruptos y violadores de la democracia y el Estado de Derecho en El Salvador, pues dicha lista comprenderá a altos funcionarios de pasados gobiernos y del gobierno de Bukele, quienes serán sancionados juntos a sus familiares.

Como país, perdemos amistad y confianza, que son las bases para fructíferas relaciones exteriores. Perdemos recursos valiosos de cooperación financiera y técnica. A mayor deterioro a la Constitución y a las instituciones, más dura será la respuesta de los países y bloques de países amigos con los instrumentos del Derecho Internacional en sus manos.

Los países europeos, desde el arribo de una comitiva de europarlamentarios, a finales de marzo pasado, no han movido cintura, pero ante la no rectificación de Bukele no tardarán en sumarse a esta corriente pro-democrática por el El Salvador, pues las cláusulas contenidas en Fomilenio están igualmente presentes en el Acuerdo de Asociación Unión Europea-Centroamérica que hunde sus raíces en la pacificación de nuestra región hace tres décadas.

La sociedad civil y los partidos democráticos hemos solicitado al Cuerpo Diplomático reforzar sus misiones de observación electoral. Los sucesos sangrientos del 31 de enero constituyen campanazos de lo frágil que es la democracia, pero también de la resistencia ciudadana. Los militantes del FMLN asesinados por elementos armados pro-Bukele enajenados por el odio y el fanatismo político jamás debieron morir. Ciertamente, el 28 de febrero dejo de ser una mera cita electoral. Ha pasado a ser un compromiso histórico por la restauración de la democracia en El Salvador.

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