“Los autócratas no ganarán el futuro”

El futuro de Bukele terminará el 2024. El Salvador no puede desconectarse de la civilización democrática por un gobernante de turno.

Por Dr. Napoleón Campos. Experto en RR.II. e Integración Regional

Publicado por Exclusiva Digital, El Salvador, Centro América

ABR 30, 2021

Joe Biden cerró con esta frase su primer discurso como presidente en el Capitolio, la noche del miércoles 28 de abril. La frase era, primero, para su pueblo, quien atestiguó cómo una turba -instigada por Donald Trump y varios líderes republicanos- irrumpió el 6 de enero pasado en ese corazón de la nación que es el Congreso. Pero, segundo, fue una frase para el mundo.

Las tiranías y las tentaciones autoritarias desfilaron en el discurso del presidente Biden, desde China y Rusia hasta los gobiernos de Centroamérica. EEUU puede exhibir su cara sin mirar a otro lado pues en cuestión de horas fue vencida la turba sediciosa formada por matones y patanes. Los autócratas, dijo Biden, “piensan que la democracia no puede competir en el Siglo XXI”.

Así, cuando se refirió a la migración originada desde El Salvador, Guatemala, y Honduras, fue contundente: “Huyen de la violencia, la corrupción, las pandillas, la inestabilidad política, el hambre, los huracanes y terremotos”. De hecho, el TPS que ampara a más de 200 mil salvadoreños fue la generosa respuesta de EEUU a los sismos de enero y febrero de 2001; pero, a la vez, por un lado, es a la corrupción y a la inestabilidad política a las que responde el Plan Biden para Centroamérica, por ello el Enviado Especial Ricardo Zúñiga informó que de ese plan ya se han destinado US$ 2 millones para robustecer la Comisión Internacional Contra la Impunidad en El Salvador, CICIES; y, por otro lado, una cantidad aún no especificada del plan se traducirá en inversiones para generar empleos dignos que combatan el hambre y frenen la migración irregular. Como gran medida interna, el presidente Biden llamó a los congresistas para trabajar conjuntamente sobre la regularización inmediata de contingentes migratorios como los TPS y los “soñadores” para avanzar hacia una reforma migratoria integral.

Podemos ilustrar otros contenidos trascendentales del discurso del presidente Biden. Sin embargo, ante la nueva etapa política de El Salvador en la que se desdibuja la Separación de Poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo, debemos volver a la filosofía democrática del presidente Biden. Si Nayib Bukele utiliza la mayoría legislativa de sus partidos políticos para decretar disparates que profundicen el deterioro constitucional e institucional desde el 9 de febrero del 2020, el futuro no le pertenecerá.

En primer lugar, porque El Salvador acumula una sociedad civil organizada y una oposición democrática que ya resiste y resistirá los embates pro-tiránicos de Bukele con las armas de la democracia. Durante la pandemia, la sociedad civil y la oposición denunciaron el patrón de compras gubernamentales anómalas típicas de corrupción que hoy constituyen más de 17 expedientes en curso por la Fiscalía General, expedientes de los que han tomado nota los organismos multilaterales. Es tal la irregularidad de las compras de Nayib Bukele y sus funcionarios tan sólo en México que son rastreadas por las autoridades de países aliados de El Salvador. Incluso, algunos de los vendedores mexicanos reclaman el pago de sus servicios.

En segundo lugar, porque no hay espacio para más tiranos. Lo reiteramos: Nayib Bukele colisiona con los principios y valores democráticos de la comunidad internacional. Dada la relación estratégica con EEUU, es con quien ha chocado tan gravemente que el copresidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Albio Sires, definió a Bukele como “una amenaza a la seguridad nacional” y ya es investigado por infringir, cuando menos, el Decreto Ejecutivo de septiembre de 2018 firmado por Donald Trump para sancionar a gobiernos, entidades e individuos que interfieran con las elecciones dentro de EEUU.

El futuro de Bukele terminará el 2024. El Salvador no puede desconectarse de la civilización democrática por un gobernante de turno. Así como llegó se irá. La ola de descontento ciudadano que lo encumbró lo bajará, como las mareas, como la luz: tras el aparente resplandor viene la opacidad para quienes no encontraron su lugar en la historia.

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