Recuerdos del futuro. La política exterior de Bukele

Bukele viaja entre dimensiones inexistentes en la Realpolitik; él y su tripulación se mueven sin brújula, trayendo, al presente, lo peor del pasado de El Salvador convirtiéndolo en una encrucijada no solicitada entre democracia o tiranía, entre República o dictadura.

Por Dr. Napoleón Campos. Experto en RR.II. e Integración Regional

Publicado por Exclusiva Digital, El Salvador, Centro América

MAY 25, 2021

El suizo Erich von Däniken publicó en 1968 su libro “Recuerdos del futuro” con el que pretendió demostrar que el ser humano evolucionó gracias a las visitas interestelares de seres de otros mundos, visitas retratadas en las pinturas y esculturas de las comunidades ancestrales.

El título calza a cabalidad con la política exterior de Nayib Bukele. Bukele viaja entre dimensiones inexistentes en la Realpolitik; él y su tripulación se mueven sin brújula, trayendo, al presente, lo peor del pasado de El Salvador convirtiéndolo en una encrucijada no solicitada entre democracia o tiranía, entre República o dictadura.

Tras mis estudios doctorales, el Colegio de Altos Estudios Estratégicos tuvo la deferencia de publicarme las monografías “Una nueva política exterior para El Salvador” (1998) y “Las acciones exteriores centroamericanas” (1999). Señalé la necesidad de una reforma profunda tanto a la política exterior en cuanto tal -aquella política pública que se ejecuta más allá de las fronteras en función de los intereses nacionales- como a la institucionalidad en términos de modernización del Servicio Exterior dentro de un diseño del Ministerio de Relaciones Exteriores coherente a la postguerra fría y la globalización.

Bajo mi visión y propuesta era clave -en la víspera del Siglo XXI- reconocer la condición de país pequeño y periférico, y que nuestra capacidad de confrontación internacional era limitada, por no decir nula. Por ello, asenté en la primera de aquellas monografías:

“El Salvador no necesita enemigos de ningún tipo, ni países que le vuelvan la espalda. Por el contrario, por la marginación en que nos encontramos debemos ser amigos de todos los países. Nosotros somos quienes, en este mundo globalizado, estamos obligados a la política exterior más abierta posible” (p. 60)

Bukele no ha podido ni con la democracia ni con la política exterior más abierta posible. Ha utilizado la mayoría legislativa para quebrar por completo la vida constitucional colocando a El Salvador en una confrontación inútil con la comunidad internacional que le demanda restauración democrática y respeto al Estado de Derecho. Sin excepción, gobiernos y legisladores de países amigos le han dado la espalda a Bukele.

La intensidad de este reclamo es mayor desde Washington DC, pues EEUU constituye nuestra relación más estratégica junto con Centroamérica, en todos los renglones de las relaciones internacionales. Como los historiadores nos están recordando, la primera ola migratoria de salvadoreños se produjo en 1849 por la “fiebre del oro” estableciéndose a la vez una pujante ruta comercial entre los puertos salvadoreños y San Francisco, California. Es decir, a los 3 millones de paisanos de hoy en EEUU antecede un trayecto de casi 175 años.

La inoperancia de la Ministra de Relaciones Exteriores no tiene parangón, al igual que el incompatible perfil intelectual, académico y ético de la señora Milena Mayorga con el importante rol de Embajadora. Ambas funcionarias constituyen un retroceso para el Servicio Exterior en su conjunto. Por ello, Bukele opta por despilfarrar US$ 1.2 millones contratando una empresa de lobby encabezada por un exfuncionario de la Administración Trump.

La interferencia de Bukele en las elecciones de EEUU cuando llamó a que no votaran por la Congresista Norma Torres en su distrito de California, violando una orden ejecutiva firmada por Trump el 2018, llevó al copresidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Albio Sires, a calificar a Bukele como una “amenaza a la seguridad nacional” de EEUU.

Uno a uno, estos hechos constituyen “recuerdos del futuro” con la salvedad de que Bukele -en aras de cubrir con un manto de impunidad las compras gubernamentales durante la pandemia, típicas de corrupción- aísla internacionalmente a El Salvador, trágico hito no logrado por ningún gobernante en los dos siglos de independencia del Reino de España.

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