VEINTE AÑOS DE TRANSFORMACIONES EN MARRUECOS

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por Dr. Napoleón Campos 


Durante mis estudios doctorales, en la segunda mitad de los noventa, tomé nota de no pocos países, temas y procesos, a los cuales -si bien no estaban en mi foco central que era las relaciones entre la Unión Europea (UE) y América Central- vi llamativo prestarles atención.

Entre esos asuntos destacaban: la reunificación de China (la tesis de “Una China Tres Sistemas”: China Popular, Taiwán, Hong Kong); la indisolubilidad de Jerusalén (con el lío de que en ese momento El Salvador tenía su Embajada en esa ciudad internacional y no en Tel Aviv); y, el impacto de los avances democráticos y de integración regional de la UE sobre las regiones vecinas, en especial Europa Oriental y el Norte de África, de dónde la UE se provee de gigantescos recursos energéticos y a su vez tierra de origen de la vasta mayoría de migrantes que uno observaba y sigue observando en los países de la UE.

Sobre el tema energético vale la pena detenerse un minuto. Tras la II Guerra Mundial y en el nacimiento mismo de las Comunidades Europeas a partir de 1950 -con la Comunidad Europea del Carbón y del Acero y luego con el Tratado de la Comunidad Europea de la Energía Atómica- la energía ocupó un lugar central; la energía constituyó -y sigue constituyendo hoy día- el cimiento sobre el que reposa el crecimiento económico y el bienestar social de los todavía 28 Estados miembros de la UE (27 cuando se consuma el Brexit, posiblemente el 31 de octubre de 2019 como ha asegurado el nuevo Primer Ministro británico, Boris Johnson). Su carestía -como se ha evidenciado en situaciones críticas (la interrupción del gas desde Ucrania por Rusia el 2006, 2009 y 2014)- se transforma en un asunto estratégico de primer orden.

Una publicación del Instituto Español de Estudios Estratégicos retrató a cabalidad el escenario energético particular entre el Norte de África y la UE:

“Libia y Argelia son exportadores tradicionales de petróleo y gas a Europa. Libia ha contado con las mayores reservas y Argelia destaca por su producción gasística. A la producción de estos dos países se unió, en 2006, el petróleo de Mauritania, aunque con un volumen más reducido se espera que aumente. Túnez tiene una producción moderada y Marruecos es deficitario, pero ambos países son geográficamente estratégicos para para el tránsito de gas hacia Europa” (2014, “Las Relaciones Energéticas entre la UE y África”, p. 10).

Lamentablemente, el fin de la Guerra Fría en 1989 no empujó transiciones democráticas en el Norte de África (como en Centroamérica), por el contrario el autoritarismo y el militarismo se ahondaron, salvo en Marruecos dónde después de años muy difíciles, conocidos como los “años de plomo”, fue el propio monarca Hassan II quien invitó en 1990 a Amnistía Internacional (AI) a visitar el país sin restricción alguna. Tras la misión in loco, AI expresó su “preocupación sobre las torturas y desapariciones de oponentes políticos registradas en Marruecos así como la aplicación de prolongados períodos de detención bajo régimen de incomunicación y la realización de juicios injustos”. Igualmente, AI y otras entidades enfocaron la situación de los Derechos Humanos (DDHH) en los campamentos saharauis en Argelia bajo el control político-militar del Frente Polisario desde los años setenta. Ahora bien, es importante señalar que cerca de dos tercios de la población saharaui nunca abandonó su tierra permaneciendo dentro de Marruecos.

La movilización ciudadana en Marruecos era intensa. Proverbial fue “la Carta Nacional de los Derechos del Hombre” presentada por asociaciones cívicas con motivo del 10 de diciembre de ese año en conmemoración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en la cual señalaron la existencia de “injusticias, arbitrariedades y prácticas prohibidas por la ley” y reclamaron la no injerencia “del Ejecutivo en lo Judicial”.

Con estos irrefutables señalamientos, Hassan II inició la construcción de una nueva arquitectura constitucional e institucional del país a partir de 1991. En el ámbito constitucional, los cambios desembocaron en la reforma del 9 de septiembre de 1992 que dotó a los Órganos Ejecutivo y Legislativo de importantes facultades y progresiva independencia de la Corona. En respuesta al millón de firmas recolectadas entre la ciudadanía por democracia, justicia y reparación, la Constitución reformada adscribió al Reino a la Carta de los Derechos Humanos al tiempo que se creaba un Consejo Constitucional encargado de velar por la constitucionalidad de las leyes en la defensa y el respeto a los DDHH en un marco de equidad para mujeres y hombres. Poco tiempo después, fue decretada la amnistía general para prisioneros políticos y el Rey nombró una embrionaria Comisión de la Verdad y se produjeron las primeras indemnizaciones a víctimas de “los años de plomo”. 

La reforma constitucional fue elevada a referéndum en 1996 y recibió el apoyo del 95 % de quienes acudieron a las urnas. Un año después, por vez primera, el pueblo eligió al 100% de los miembros del Parlamento. Hubo un primer reconocimiento al pueblo berebere, el primer pueblo originario de Marruecos. Igualmente, esta legislatura presentó el “Plan de Integración de la Mujer en el Desarrollo”, sin precedente en la historia del país. Finalmente, en el ámbito institucional, Hassan II comenzó una era de privatización de empresas públicas con el objetivo de modernizar la administración pública y mejorar sus recursos presupuestarios. 

El 23 de julio de 1999 fallece Hassan II, sucediéndole en el trono su hijo, Mohammed VI, cumpliéndose ahora 20 años de reinado.

El nuevo Marruecos


La mañana del 17 de diciembre de 2010, en la ciudad de Sidi Buzid, en Túnez, el joven vendedor de frutas y verduras Mohamed Bouazizi se inmoló a causa de la impotencia que sentía frente a la policía que le había confiscado el carro, la balanza y los productos con el pretexto que no contaba con los permisos comerciales.

Este dramático hecho fue el detonante de las revoluciones en el Norte de África, así como en algunos países del Medio Oriente, que pusieron fin a los regímenes de Ben Alí en Túnez (en el poder desde 1987), Mubarak en Egipto (en el poder desde 1981) y Gadafi en Libia (en el poder desde 1961), además de conducir a protestas civiles que desembocaron en movimientos de liberación popular en Siria y Yemen que todavía persisten. La convulsión fue tan grande que trastocó el equilibrio geopolítico y replanteó las prioridades de los regímenes que sobrevivieron como el de Abdelaziz Bouteflika en Argelia quien se entronizó en el poder desde 1999 al concluir la sangrienta guerra civil. El anciano Bouteflika recién el 2 de abril de este 2019 ha renunciado no sólo por su enfermedad terminal sino igualmente por la masiva protesta pacífica ciudadana. 

Mientras los autócratas del vecindario se aferraban al poder en el curso del Siglo XXI, Mohammed VI robusteció las bases democráticas, la modernización institucional y la presentación de tesis de trabajo a la comunidad internacional. 

En primer lugar, fue creada la Comisión de Equidad y Reconciliación, la primera de su índole en el mundo árabe, la cual tuvo como misión la investigación sobre los abusos entre 1956 y 1999. Instaurada en enero de 2004 y conformada por 17 miembros conocidos por su compromiso con los DDHH y un equipo ejecutivo que alcanzó las 250 personas, la Comisión le entregó al Rey su informe final en noviembre de 2005. La Comisión recibió más de 22 mil peticiones de las cuales casi 17 mil se convirtieron en expedientes de investigación. La Comisión recomendó la indemnización de 9,820 víctimas y 1,985 fueron objeto de reparación suplementaria (reintegración en la función pública, regularización de su situación administrativa o profesional, etc.). La Comisión dilucidó el paradero de 742 desaparecidos. Las recomendaciones de la Comisión comprendieron reformas constitucionales en seguridad, justicia, legislación y política penal, y la ejecución de una política nacional contra la impunidad. En una región donde la violación a los DDHH ha sido la norma, los esfuerzos por la Reconciliación en Marruecos no son de poca importancia.

En segundo lugar, las mujeres marroquíes fueron pilar esencial de la movilización ciudadana. Una mayoría  de los partidos políticos fue acuerpando, gradualmente, sus demandas superando las posiciones islamistas conservadoras sobre la sumisión de la mujer. El primer triunfo bajo el Reinado de Mohammed VI fue la reforma al Código de Familia del año 2004 pues materializó la integración progresiva de los principios de igualdad de género en las políticas públicas. Esta dinámica alcanzó la cima con los preceptos de la Carta Magna de 2011 que consagró claramente la equidad entre hombres y mujeres, prohibiendo toda discriminación por razones de género. El año 2018 entró en vigor la ley contra la violencia hacia la mujer. Este 2019, se cuentan 81 diputadas en el Parlamento (de 395 escaños). Sin duda, falta más presencia de mujeres a nivel ministerial como en la conducción de los gobiernos locales, una queja generalizada en el mundo democrático. En el sector económico, estadísticas recientes indican que las mujeres constituyen más del 10% del cuerpo empresarial de Marruecos.

En tercer lugar, la reivindicación bereber, el pueblo que ya estaba en el territorio de Marruecos cuando llegaron los árabes en el Siglo VII D.C. En complemento a su mito de nómadas movilizándose en camellos, el pueblo bereber fue por igual sedentario e innovador agrícola. A los bereberes se les atribuye la apertura de las primeras rutas comerciales entre más allá del Sáhara y las ciudades del Norte de África. A los bereberes les gusta ser conocidos como “Imazighen” que significa “hombres libres”. Durante el reinado de Mohammed VI, el pueblo bereber ha conquistado el reconocimiento de su lengua como idioma nacional, su introducción en la enseñanza pública, su utilización en los medios de comunicación y el funcionamiento, desde el año 2001, de un Instituto de Estudios sobre el pueblo y la cultura bereberes con categoría de Instituto Real. Algunos observadores y académicos han advertido que una “primavera bereber” pueda estarse incubando en otras naciones del Norte de África en las cuales sus reivindicaciones históricas no han sido atendidas.

Esta sociedad laica marroquí -cuya ley prohíbe la formación de partidos políticos de base religiosa, lingüística, regional o étnica- asentada en pilares progresivamente democráticos, ha permito a Marruecos posicionarse dentro de África, entre las naciones árabes y en los grandes asuntos globales de nuestro tiempo. 

Los logros económicos e internacionales


Veamos la siguiente tabla que ilustra la impresionante riqueza interna generada en Marruecos los últimos 20 años.


PRODUCTO INTERNO BRUTO.

DATOS CONSOLIDADOS AÑOS 1998 y 2017
AñoCantidad (US$)
                                    199841.81 mil millones
                                    2017109.1 mil millones
Fuente: Banco Mundial

¿ Qué explica este crecimiento de riqueza en un país sin combustibles fósiles a diferencia del  vecindario (Argelia, Libia)?

En buena medida, ya lo vimos antes: su estabilidad política, el progresivo asentamiento de bases democráticas, la Reconciliación tras los años difíciles de turbulencia sociopolítica que bajo la Guerra Fría vivimos todos en el planeta, y ya no digamos nosotros en Centroamérica que aportamos cientos de miles de muertos, millones de desplazados internos y refugiados internacionales, y la destrucción de recursos inmensos de difícil sustitución.

La tesis es sencilla: a más democracia, más crecimiento y desarrollo económicos; a más democracia, más y mejor proyección internacional en el mundo globalizado del Siglo XXI.

El año 2018, sólo después de Sudáfrica, Marruecos fue el segundo país africano que más Inversión Extranjera Directa (IED) recibió. Veámos el comportamiento de la IED para años seleccionados.


INVERSION EXTRANJERA DIRECTA

COMO PORCENTAJE DEL PIB. AÑOS 1998 Y 2017
AñoPorcentaje (%)
                                    19980.028
                                    20172.443
Fuente: Banco Mundial


Como puede apreciarse, el acompañamiento de la IED a la generación de bienestar y riqueza ha sido espectacular para Marruecos. ¿Con qué indicadores contamos? 

  1. La construcción y entrada en funcionamiento del ferrocarril de alta velocidad uniendo la ciudad portuaria de Tanger, localizada en el lado oeste del Estrecho de Gibraltar, con Rabat y Casablanca.
  2. Marruecos ha ratificado 69 acuerdos bilaterales sobre promoción y protección de inversiones, así como 60 tratados comerciales que incluyen los acuerdos con EEUU y la mayoría de Estados miembros de la UE. 
  3. Marruecos ha priorizado la modernización de toda su red de transporte. Para el siguiente decenio, existe la previsión de inversión en dicha red en torno a los US$ 9,600 millones.
  4. En la referida ciudad de Tanger, Marruecos ha construido facilidades portuarias equiparables con el Puerto de Londres. El año 2018, vía Tanger, se transportó carga estimada en 51.3 millones de toneladas. En junio de este 2019, fue inaugurada la etapa II de Tanger que lo colocará en corto tiempo como el mayor puerto de contenedores del Mediterráneo.
  5. La modernización de los aeropuertos ha caminado por igual: el 2018, circularon 22.5 millones de pasajeros por todos los aeropuertos marroquíes, reportando una tendencia anual de crecimiento en torno al 10%.
  6. La producción de energías renovables ha sido otra prioridad bajo el Reinado de Mohammed VI. El 53% de la energía es generada desde fuentes renovables. El parque solar Noor (“Luz”) es, por ahora, el más grande del planeta. La perspectiva es que en un futuro no lejano Marruecos pueda suministrar energía a Europa a partir de fuentes renovables tanto solar como eólica.
  7. Unidades de inteligencia económica norteamericanas y europeas identifican a los sectores marroquíes de automotriz, aeroespacial, tecnologías de información y comunicación, turismo, como polos de atracción de IED en el corto y mediano plazos.

Para cerrar estos discernimientos debemos subrayar que durante el Reinado de Mohammed VI  ha sido reconocida, en el seno mismo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como una solución política “realista, viable y duradera” la propuesta de un plan de autonomía para el Sáhara Occidental. El Polisario ha rechazado esta iniciativa desde el año 2007, mientras con el paso del tiempo su dirigencia ha pasado a ser investigada por violaciones a los DDHH en los campamentos en Argelia, en virtud de procesos en tribunales de España contra algunos de sus líderes. 

Marruecos ha integrado el combate al cambio climático como un pilar de su política exterior. Reflejo de ello fue su liderazgo en organizar la Cumbre Climática identificada en Naciones Unidas como la COP22, la cual se realizó en Marrakech del 7 al 18 de noviembre de 2016. En la antesala de la COP22, entró en vigor el histórico Acuerdo de París sobre Cambio Climático del que somos parte los ocho Estados miembros del Sistema de la Integración Centroamericana. El otro tema de convergencia con Centroamérica es el migratorio. En esa misma ciudad marroquí, se realizó la cumbre y la firma sobre el Pacto Mundial de las Migraciones de las Naciones Unidas, el 10 de diciembre de 2018, bajo el cual son articulables estrategias comunes en el sistema internacional que pueden ser de enorme beneficio para Centroamérica en el proceso crítico que sufre hoy día con sus migrantes que buscan empleo y seguridad en el Norte de América.

El reciente reacomodo de las relaciones bilaterales entre El Salvador y Marruecos anunciado por el Presidente Nayib Bukele -reacomodo que aconsejamos en nuestra última exposición aquí en Centroamérica Economía (9/enero/2019)- abre una oportunidad excepcional para maximizar la amistad y la cooperación entre nuestros dos países. Marruecos constituye esa clase especial de amigos y cooperantes que El Salvador de hoy día necesita, por su historia, por compartir con nosotros sus años difíciles de turbulencia y sufrimiento durante la Guerra Fría, por sus excepcionales logros económicos y tesis internacionales. 

Sirvan estas líneas para aproximar a los lectores centroamericanos a las transformaciones acontecidas en Marruecos, y a la vez sean mi personal reconocimiento y beneplácito a los 20 años del Reinado de Mohammed VI.

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